Sábado por la mañana.

Me despierto temprano para poder aprovechar el día.

Meto mi mochila al coche, me despido de la familia, de los perretes y pongo rumbo a Huesca. Rumbo a uno de los monumentos naturales a mi parecer más impresionantes, importantes y desconocidos de la geografía española.

En dos horas y media estoy cerca de mi destino, el cual es un poco difícil de encontrar. Después de conducir caóticamente por caminos de tierra, rezando por no acabar tirado sin gasolina y sorteando baches casi como yo de altos.. por fin llego al embalse de Canelles, en la comarca Ribagorzana. Dejo el coche aparcado en un barbecho después de cruzar un puente y camino unos kilómetros hasta llegar a Finestres. Lo de la gasolina va enserio, no seáis como yo, podéis llegar al pueblo con el coche, yo tuve que dejarlo porque sino no podría haber vuelto y las gasolineras escasean en esta zona. Finestres es un pueblo abandonado que se asienta a las orillas del embalse de Canelles, a poca distancia de la caprichosa y espectacular formación.

Después de caminar durante una hora por el camino, la muralla va apareciendo en el horizonte..

El pueblo de Finestres, abandonado y en ruinas, sabe que ha tenido tiempos mejores.

Y es que uno no es consciente de lo que le espera hasta que esta ahí, parado frente a esas alucinantes formaciones, embobado con sus altas y aparentemente finas y delicadas paredes verticales.

Y en lo alto de la muralla, resguardando el lugar se encuentra la ermita de San Vicente. Voy directo a ella.

Me adentro en las profundidades de la muralla y bajo hasta el nivel del embalse, estar entre las dos paredes verticales asombra, una corriente de aire fría y constante no deja de fluir. Cuando el embalse está lo suficientemente lleno, el agua cruza la muralla y puede cruzarse con kayak.

Vuelvo hacia el pueblo y subo a la ermita de San Marcos que está en lo más alto de monte cerca de Finestres. Allí paro para sentarme, poder disfrutar de las vistas y comer algo, la trepada por la empinada cuesta de la muralla ha sido un poco durita.

La siguiente parada es Montfalcó y Congost de Mont-Rebei, aquí se ubican unas impesionantes escaleras ancladas a la pared que la trepan varias decenas de metros de altura. Llevaba tiempo deseando venir este lugar. Me había informado de que había un refugio cerca de allí, por lo que había pensado pasar la noche y a la mañana siguiente hacer la ruta de senderismo que lleva a las escaleras y al estrecho desfiladero que separa la comarca Aragonesa de la Catalana.

Después de atravesar una pista forestal de escándalo y llegar al refugio, pregunto al responsable de allí que cuanto se tarda en hacer el recorrido completo. Él me dice que normalmente en 3 horas más o menos…  Son las 18:30 de la tarde, solo tengo una hora y media de sol y estoy aburrido como una ostra. Me entra el venazo y pienso, a lo loco, hasta donde llegue, y si no la termino.. mañana repito. Por lo que cojo la cámara, meto unas barritas energéticas a la mochila y un red bull para entonar el cuerpo y me pongo en marcha. A los 10 minutos de haber salido ya diviso desde la lejanía mi objetivo y sus rojizas e imponentes paredes de roca caliza.

A pasos agigantados en media hora estoy al pie de las escaleras.. y dios mío.. no me las imaginaba tan estrechas, a pesar de escalar y estar acostumbrado a las alturas, estoy un poco acojonado.

Pero dura poco, una vez subido un tramo me acostumbro. Y voy a por el siguiente.

Después de pasar los dos tramos, llego al puente que cruza el río y me doy cuenta de que el sol casi está desapareciendo por el horizonte. Me quedan 800 metros para llegar al final donde empieza el estrecho desfiladero pero decido dar media vuelta. Aunque siempre llevo un frontal en la mochila, ya empieza a anochecer y refrescar, así que me doy media vuelta para volver al refugio.

Vuelvo a pasar otra vez por las escaleras, esta vez para bajarlas y me quedo hipnotizado con este lugar. Uno no puede despreciar fotos en esta situación.

Hace tiempo que el sol ha desaparecido y ya es casi noche, voy corriendo por el bosque a toda velocidad que mi cuerpo me permite. Si habéis andado de noche por el bosque entenderéis, se escuchaban montones de ruidos extraños y uno imagina mil cosas.

Al llegar al refugio el dueño se asombra por lo poco que he tardado, en poco mas de dos horas he hecho el recorrido, aunque no completo. Subo a las habitaciones que están llenas de literas y me pego una ducha de agua caliente. Al volver a la habitación me encuentro con un fotógrafo inglés que venía también de Barcelona, me recomienda que suba a una iglesia que hay cerca del refugio para ver el amanecer y hacer unas fotos. Me enseña una y me convence instantáneamente por completo. Así que bajo a cenar, y que pedazo de cena tienen preparada. Un 10 para el cocinero del refugio, me sirven un plato de tarta de frutos secos y un plato de estofado de carne bien cargado que me deja como nuevo y con una torta de campeonato, por lo que poco tardo en ir a dormir.

Por la mañana me despierto temprano para ver el amanecer y subo al sitio donde el colega inglés me había recomendado, la ermita de Santa Quiteria. No me defrauda para nada. Es espectacular.

Recomendadísimo este refugio, buena gente y muy barato.

Me despido del lugar con la promesa de volver, de llegar hasta el final la próxima vez. Como ya es domingo tengo que volver a Madrid pero antes de volver, me lanzo camino a Huesca para visitar Alquezar, Loarre y Riglos.

De camino a Huesca, vuelvo por la pista forestal y a lo lejos a mi derecha veo las impresionantes montañas de los Pirineos.

Una hora después estoy en Alquézar, al llegar miro al cielo y veo que decenas de buitres vigilan el pueblo. Dejo el coche en el aparcamiento a la entrada y bajo andando para recorrer sus calles. Los buitres son los dueños del lugar.

Paseo por las estrechas calles hasta llegar a la colegiata de Santa María la Mayor, una fortaleza construida en el siglo IX por los musulmanes para frenar los ataques de los reinos cristianos del norte.

Después de rodear el pueblo, vuelvo a subirme al coche y me pongo camino de Loarre.

Desde lejos diviso el castillo, increíblemente bien camuflado, mimetizándose con el entorno rocoso. Todo el conjunto está rodeado de una gran muralla y se asienta sobre un promontorio de roca caliza que utiliza como cimientos. Esto suponía una gran ventaja defensiva, ya que así los muros no podían ser minados (técnica habitual en el asedio de fortalezas, que consistía en construir un túnel por debajo del muro para después hundirlo y abrir así una brecha por la que asaltar).

El espectacular castillo de Loarre se construyó en el siglo XI y es famoso por haber aparecido varias películas, siendo una de ellas El reino de los cielos.

Después de recorrer el castillo por dentro y por fuera, dando un paseo por su perímetro amurallado. Mi próximo destino es el pueblo de Riglos.

Al llegar a Riglos, dejo el coche en un aparcamiento y camino hacia un sitio donde puedo ver bien el mallo llamado Pisón, que alcanza los 275 metros de altura. Desde ahí veo varias cordadas de escaladores que están ascendiéndolo. Me paso más de media hora observándolos.

No da tiempo para más, así que toca volver a casa. Por delante me quedan varias horas de camino hasta Madrid. Me quedo muy satisfecho con esta escapada.

 

Día1: Juego de Tronos, fortalezas inexpugnables y pueblos fantasma.

Día2: Barcelona, montañas mágicas.

Dia3: Huesca, murallas chinas y escaleras en precipicios.